El Teatro El Milagro abrirá sus puertas este 15 de noviembre a una puesta en escena que promete mover fibras profundas: Antígona González, de la escritora mexicana Sara Uribe. Bajo la dirección de Sandra Félix y con la actuación de Marina de Tavira, la obra transforma el escenario en un espacio donde el dolor se convierte en memoria y el arte en una forma de resistencia.
Inspirada en el mito griego de Antígona, esta versión contemporánea traslada la tragedia clásica a la realidad mexicana, donde miles de mujeres buscan a sus familiares desaparecidos. A través de una prosa poética que se vive más que se escucha, Antígona González convierte el teatro en un acto de memoria colectiva y de denuncia ante una herida que aún sangra: la desaparición forzada en el país.
Del 15 de noviembre al 7 de diciembre, el público podrá ser testigo de esta experiencia escénica que combina poesía, minimalismo y fuerza emocional. Las funciones serán de jueves a domingo, con dos presentaciones especiales los miércoles 26 de noviembre y 3 de diciembre. Con solo 16 funciones y un aforo limitado a 100 personas por presentación, la obra invita a vivir una experiencia íntima, donde cada espectador se convierte en testigo de un acto de resistencia artística.
El montaje destaca por su sobriedad y potencia visual. Víctor Zapatero diseña una iluminación que convierte cada sombra en un eco del desierto y cada paso en símbolo de búsqueda. El vestuario, a cargo de Jerildy Bosch, transforma la cotidianidad en metáfora, mientras la música original de Alejandro Castañosconstruye atmósferas que transitan entre lo íntimo y lo desgarrador. La fotografía de Antonia Fritche y el diseño gráfico de Héctor Ortega completan la propuesta visual, bajo la producción ejecutiva de Daniela Parra e Incidente Teatro.
Dirigida a adolescentes y adultos, la puesta en escena busca dialogar con un público amplio, especialmente con colectivos, asociaciones civiles y familias de personas desaparecidas. Antígona González no pretende dar respuestas, sino abrir un espacio para mirar de frente una realidad dolorosa, nombrarla y, sobre todo, no permitir que el silencio la cubra. En cada función, la obra se convierte en un acto poético que rinde homenaje a quienes siguen buscando, y en una invitación a que la memoria se mantenga viva, más allá del escenario.
