Drácula: El amor que desafió a Dios y condenó al alma eterna

Hay historias que creemos que ya nos sabemos, que hasta las hemos escuchado de mil formas: con colmillos, con capas, con castillos tenebrosos y crucifijos al cuello. Pero ahora, viene Drácula… y no, no es el que te contaron en Halloween. Esta nueva versión no solo reinventa al vampiro más famoso del mundo, lo desnuda. Lo muestra roto, triste, enamorado, y más humano que monstruo. Y todo esto lo trae de regreso al cine nada menos que Luc Besson, sí, el mismo que dirigió El Quinto Elemento y Léon: El Profesional.

Drácula llega exclusivamente a las salas de cine en México bajo el sello de Zima Entertainment. Y no viene suave. La historia se mete directo a las raíces del personaje, inspirado por la novela de Bram Stoker, pero va más allá: aquí, el príncipe Vlad no es solo una leyenda oscura, es un hombre destrozado por la muerte de su esposa, que se atreve a desafiar a Dios y es condenado a vivir para siempre con la maldición de la sangre.

Luc Besson arma una película visualmente intensa, emocionalmente brutal y poéticamente oscura. Una especie de ópera gótica donde lo que se grita no es solo terror, sino amor, pérdida y desesperación. La actuación protagónica corre a cargo de Caleb Landry Jones —que ya la rompió en DogMan— y se suma Christoph Waltz, ese actor que transforma cualquier papel en algo hipnótico. Juntos le dan vida a un Drácula que no te muerde, te desgarra desde adentro.

Y por si eso fuera poco, la atmósfera de la película viene reforzada por la música de Danny Elfman, maestro de lo siniestro, y un dato curioso: se dice que el tono emocional de la cinta fue influenciado por las canciones de Billie Eilish. Todo encaja. Lo triste, lo romántico, lo sombrío. Todo al borde del abismo.

La historia se rodó en los paisajes fríos y melancólicos de Finlandia, y eso se nota: el ambiente pesa, la oscuridad duele y cada escena parece un cuadro pintado con sombra y sangre. Pero ojo, no es solo una película para fans del terror, es una de esas cintas que se sienten como un puñal bonito al corazón. De esas que no puedes ver sin quedarte pensando después.

Drácula no llega a asustar. Llega a romper. Y si creías que ya lo habías visto todo del vampiro más famoso, te falta mirarlo a los ojos cuando está solo.

Benda’Muxe: Llega al Helénico una obra que toca el alma entre risas, identidad y teatro

Imagínate por un momento entrar a un teatro y toparte con un lugar donde las historias se cuentan con el corazón en la mano, donde el escenario se transforma en un rincón sagrado lleno de color, memoria y orgullo. Eso es justo lo que propone Benda’Muxe(Mi hermana muxe’), una obra que se presenta este 27 de junio a las 8 de la noche en el Teatro Helénico, como parte de la celebración del mes del Orgullo LGBTTTIQ+.

No es cualquier obra. Es una experiencia que mezcla cabaret, humor fino, mucho sentimiento y una mirada honesta a la vida de las muxes, ese tercer género zapoteca tan profundamente arraigado en la región del Istmo de Oaxaca. El montaje es dirigido y escrito por Cess Enríquez, quien junto a Luis Montalvo, se adentró en Santo Domingo Tehuantepec para escuchar de viva voz las historias reales de personas muxe. Con esas voces, tejieron esta obra única y entrañable.

Aquí no hay máscaras, ni estereotipos. Hay verdad. Hay dolor. Hay gozo. Y hay mucha risa, de esa que libera el pecho. El escenario se convierte en un tugurio mágico donde viven La Pascuala, Poca Luz, La tía Sonia y La Tortolita, personajes que, entre charla y anécdota, nos llevan por un viaje donde la muerte no es el final, sino un pretexto para reencontrarse con lo que uno fue y con lo que aún sueña ser.

La obra no busca complacer, sino mostrar. Mostrar lo que es vivir siendo muxe en un entorno donde la tradición y la identidad se mezclan con el rechazo y la ternura. Y al mismo tiempo, Benda’Muxe’ se vuelve un abrazo cálido para quienes siempre han vivido en la orilla, creando un espacio libre, amoroso, sin juicios, donde el teatro se vuelve trinchera, y la risa, escudo.

Y sí, solo hay una presentación. Así que si quieres ser parte de este homenaje a la diversidad, a la resistencia, y a la belleza de ser uno mismo sin pedir permiso, corre por tu boleto. Cuesta $205 y lo puedes conseguir en taquilla del Helénico o en su sitio web: helenico.gob.mx.

Una noche. Una historia. Un canto profundo a la identidad. No hace falta saber mucho de teatro o tradiciones, es solo ir con el corazón abierto.

Lu y Solito: Cuando ser diferentes es lo mejor que te puede pasar

Hay historias que te abrazan desde el primer momento, que no necesitas ser niño para disfrutarlas y que, de alguna manera, te recuerdan algo que habías olvidado: lo esencial que es tener un amigo con quien compartir lo inesperado. Así pasa con Lu y Solito, una obra de teatro para infancias que regresa a La Teatrería y que, sinceramente, vale la pena ver tengas la edad que tengas.

Imagina un bosque donde está prohibido que una liebre y un zorro sean amigos. Suena absurdo, ¿no? Pero ese es justo el punto de partida de esta historia escrita por Benjamín Calleros. En medio de esa absurda regla, Lu (una liebre) y Solito (un zorrito) se conocen y algo cambia. A pesar de todo lo que se supone que deberían temer uno del otro, descubren que sus diferencias son justo lo que los hace más fuertes cuando están juntos.

La obra, que dura una hora exacta, está dirigida por Paula Campos y presentada por un elenco lleno de talento. Lo que sorprende más allá del relato es la manera en que lo cuentan. Usan títeres, máscaras súper expresivas, narración en vivo, música original (compuesta por Kevin Galeana), e incluso momentos lúdicos que te arrancan risas, suspiros y esa sensación cálida que deja una buena historia.

Pero Lu y Solito no solo es divertida y entrañable. Es también una invitación —sutil pero clara— areflexionar sobre la empatía, la inclusión, el valor de la diferencia y la importancia de hacer comunidad, incluso cuando todo a tu alrededor dice que no se puede. Y eso se siente tan actual, tan necesario.

Este montaje cuenta con la producción de Mariana Pérez y un equipo creativo comprometido con la estética y la emoción: desde el diseño gráfico de Jacobo Flores hasta la iluminación envolvente de Julia Coria. Las máscaras, diseñadas por Wintercroft, dan vida a los personajes de una forma mágica.

Esta obra no es nueva, y eso habla muy bien de ella. Ya se ha presentado en otras temporadas y hasta fue nominada a Mejor Obra para Público Joven en los premios Metro 2023. Su regreso no es casualidad, sino un recordatorio de que los cuentos más simples son a veces los más potentes.

Lu y Solito se presentará en La Teatrería (Tabasco 152, Roma Norte, CDMX) hasta el 8 de junio, con funciones sábados y domingos a las 13:30 hrs.