Las dos Cassandras: Una obra que grita sin voz y te rompe por dentro

Hay días en los que el mundo se te cae encima y lo único que puedes hacer es quedarte en silencio. Así arranca Las dos Cassandras, una obra que no solo se ve, se siente. Es como si te metieran en la cabeza de alguien que no sabe si está de luto por su madre… o por sí misma.

Cassandra es una escritora de 40 años, pero no es cualquier personaje. Hoy, justo el día que muere su madre, su familia la espera para que organice el funeral y escriba algo emotivo. Algo que consuele, que suene bonito. Pero Cassandra no tiene palabras, literalmente: despierta sin voz. Y con ella, se desatan todos los recuerdos, los enojos, los vacíos que dejó una figura materna compleja y, a veces, ausente.

La puesta en escena de Las dos Cassandras no se queda en el típico drama de familia. Va más allá. Es un torbellino emocional que explora lo que pasa cuando las expectativas sociales se cruzan con lo que realmente sentimos. Esa batalla entre lo que se espera que hagas —llorar bonito, decir algo inspirador, sonreír en el funeral— y lo que realmente duele por dentro. Lo íntimo contra lo impuesto.

La obra llega con una segunda temporada a la Sala Xavier Villaurrutia, en el Centro Cultural del Bosque, y es una adaptación al español de una obra canadiense escrita por Amy Nostbakken y Norah Sadava. Fue Vicky Araico Casas quien la adaptó para México y también actúa en ella, junto a Majo Pérez. Ambas logran transmitir esta dualidad interna de Cassandra con una mezcla poderosa de palabras, movimientos coreografiados y cantos a capella que desarman al espectador.

No es un montaje convencional. Es teatro físico, crudo, visceral. La escena parece un espejo roto donde cada fragmento refleja una parte del caos emocional femenino. Hay momentos en los que no sabes si estás viendo una discusión, una memoria o una pesadilla. Todo se mezcla porque así es la mente cuando está atravesada por el duelo, el resentimiento y la búsqueda de sentido.

La obra estará en cartelera hasta el 22 de junio con distintos horarios según el día. Y sí, la entrada vale cada minuto de tu atención. Porque más allá de su estética impecable y su calidad escénica, Las dos Cassandras toca una fibra que muchos evitamos: la de no saber cómo vivir cuando todo te exige estar bien.

Detrás del proyecto está El Ingenio del Caldero, con el apoyo de OMNILIFE y el estímulo fiscal EFIARTES. En la música también hay un equipo brillante: Dave Pineda en la dirección musical, junto con la adaptación de Analí Sánchez Neri, Sergio Cano y la misma Araico Casas.

Esta es una historia sobre el caos. Pero también sobre el valor de quedarse en él, de enfrentarlo, de escucharlo aunque no tenga voz. Porque a veces, el silencio también grita.

LILA: Acrobacias que gritan lo que muchas callan

Hace unos días me topé con una propuesta escénica que me dejó pensando, no solo por su estética sino por lo que logra transmitir sin necesidad de palabras duras ni discursos trillados. Se llama LILA, y es un espectáculo de circo contemporáneo que se presentará hasta el 22 de junio los sábados y domingos a la 13 hrs. en el Teatro Helénico, en la Ciudad de México.

A través de acrobacias, danza, clown y un juego visual que combina fuerza y poesía, cinco mujeres en escena nos invitan a mirar de frente lo que muchas veces preferimos ignorar: la violencia de género y la manera en que el sistema ha moldeado, limitado o agredido el concepto de lo que significa “ser mujer” en nuestro país.

LILA no necesita palabras para incomodar, para emocionar o para inspirar. Todo lo hace desde el cuerpo, desde lo físico, con movimientos suspendidos en el aire, con telas, trapecios, aros, mástiles… que más que elementos circenses, se convierten en símbolos de resistencia, de caída y de vuelo. Esta es una obra que pone el cuerpo al centro: como trinchera, como territorio de lucha, como espacio de belleza y también de contradicción.

Detrás de esta poderosa puesta en escena están Jessica González y Jorge Díaz, quienes dirigen la obra y, en el caso de Jorge, también es el autor del montaje. Lo que me parece aún más interesante es que la compañía Tránsito Cinco Artes Escénicas S.C., que produce esta pieza, no solo se dedica a crear espectáculos. También da cursos, forma artistas y se enfoca en acercar el arte escénico a públicos nuevos. Y eso, en estos tiempos, es casi un acto revolucionario.

El elenco está compuesto por artistas que no solo interpretan, también transforman el espacio con su presencia: Alejandra Palestina, Ali Salguero, Ixchel Salazar, Fernanda Palacios y Jessica González. Todo el equipo creativo se alinea para lograr un montaje limpio, poético, potente. Desde la iluminación a cargo de Edgar Mora, hasta el diseño de vestuario que también firma González. Todo está pensado con detalle, sin pretensiones, pero con una intención clara: sacudir desde el arte.

Además, antes de que inicie cada función, se realiza una dinámica con el público para conectar más profundamente con la temática. Este puente entre escena y espectador hace que la experiencia no sea solo de observación, sino de participación emocional.

En un país como el nuestro, donde tantas voces femeninas siguen silenciadas o desoídas, LILA no solo es una obra. Es una conversación urgente. Un salto sin red hacia una verdad que necesitamos mirar desde todos los ángulos, incluso desde las alturas.

Regresa Las dos Cassandras: Cuando el silencio grita más fuerte que las palabras

Hay obras que no solo se ven… se sienten. Que no necesitas entender línea por línea para que te atraviesen por dentro. Así es “Las dos Cassandras”, una puesta en escena que me dejó sin aliento —literal y emocionalmente— y que ahora regresa a la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque del 28 mayo hasta el 22 de junio de miércoles a domingo con una segunda temporada que promete ser igual de poderosa.

Todo comienza con un momento que, aunque temido, tarde o temprano llega: la muerte de una madre. Pero esta historia no se trata del funeral, ni siquiera del duelo convencional. Va mucho más allá. Cassandra, una escritora de 40 años, despierta justo ese día sin voz. Y no solo es literal: también es metafórico. No tiene palabras. No tiene energía para el papel que esperan que juegue: el de la hija ejemplar, la que escribe algo bonito para despedir, la que sabe mantener la compostura.

En cambio, lo que tenemos frente a nosotros es un viaje interior caótico, un monólogo fragmentado que se convierte en un espejo para todas las contradicciones, emociones confusas y preguntas sin resolver que una mujer puede cargar en silencio. La obra no se cuenta, se vive: mezcla teatro físico, movimiento, canto a capella y diálogos filosos. Todo está coreografiado al milímetro, pero se siente como si estuviéramos espiando en la mente de alguien al borde del colapso.

Las actuaciones de Vicky Araico y Majo Pérez son brutales (en el mejor sentido). Se lanzan al vacío emocional de Cassandra sin miedo, desdoblándose en una dualidad que cuestiona si se está hablando de la madre o de sí misma. La dirección de Amy Nostbakken, quien también escribió la obra junto con Norah Sadava, sabe cómo mantenernos incómodos y reflexivos al mismo tiempo.

Este montaje, adaptado al contexto mexicano con una sensibilidad impresionante por Vicky Araico Casas, mezcla lo íntimo con lo social. Y ahí es donde más duele, porque nos hace pensar en todo lo que nos exigimos como hijas, como mujeres, como personas. La identidad no es algo que se define fácilmente, y esta obra lo explora con una honestidad cruda y necesaria.

Ganadora del premio a Mejor Obra por la Asociación de Críticos Teatrales de Toronto en 2016, esta pieza no se conforma con ser solo teatro: es una experiencia que duele, pero también libera.