Circo Olímpico: El show callejero que revive la irreverencia del México del siglo XIX

Hay espectáculos que no solo se ven, se sienten. Circo Olímpico o el país de la maroma es justo eso: una explosión de acrobacias, risas, nostalgia y crítica social, envuelta en un viaje directo a las entrañas del México más callejero y festivo del siglo XIX. En serio, esto no es solo teatro ni solo circo… es una bomba cultural que revive los míticos patios de maroma, aquellos espacios semiclandestinos donde la cuerda floja, los fantoches, los chistes incómodos y la magia callejera se unían para soltar verdades en forma de carcajada.

Este espectáculo trae de vuelta la esencia más pura del arte popular mexicano. Nada de grandes carpas, luces robóticas ni elefantes amaestrados. Aquí todo es carne viva: los actores, los malabares, los sketches, la crítica sin filtros. Paola Herrera dirige esta joyita, con Horacio Arango, Santiago Manuel Fernández, Ernesto Ponce y el músico Félix Ruiz metiéndole alma, cuerpo y vértigo a cada función.

“Una vuelta a la carpa, a lo sorprendente del circo… a entrar por sesenta minutos en un mundo de asombro y risas”, dice Paola. Y vaya que lo logran. El escenario se convierte en una cápsula de tiempo donde lo invisible se vuelve visible solo con la energía del elenco. No hay pistas, ni estructuras monumentales, pero sí un poder brutal para trastocar el tiempo y hacer que el siglo XXI se mire en el espejo del pasado.

Inspirado en el legendario Circo Olímpico de 1857, que estaba en una casona de lo que hoy es la calle Argentina en el Centro Histórico, este montaje no tiene pretensiones de museo. Aquí se juega en serio con la historia, la tradición, la burla y el performance. El resultado: un carrusel de imaginarios donde lo mexicano se vive en cada sketch, cada acorde, cada maroma.

La música —compuesta por Fores Basura— suena a Ciudad de México, con ecos de merolicos, letras que narran etapas del circo nacional y un ritmo que atraviesa generaciones. Todo eso con una producción que no escatima: vestuarios, teatrino, iluminación, fantoches y pura energía bruta.

Del 19 de julio al 3 de agosto, el Teatro El Galeón, Abraham Oceransky, se transforma en ese espacio rebelde, crítico, lleno de picardía, donde hasta el más serio suelta una carcajada. Funciones sábados y domingos a la 13 hrs.

El país de la maroma está de regreso.

LILA: Acrobacias que gritan lo que muchas callan

Hace unos días me topé con una propuesta escénica que me dejó pensando, no solo por su estética sino por lo que logra transmitir sin necesidad de palabras duras ni discursos trillados. Se llama LILA, y es un espectáculo de circo contemporáneo que se presentará hasta el 22 de junio los sábados y domingos a la 13 hrs. en el Teatro Helénico, en la Ciudad de México.

A través de acrobacias, danza, clown y un juego visual que combina fuerza y poesía, cinco mujeres en escena nos invitan a mirar de frente lo que muchas veces preferimos ignorar: la violencia de género y la manera en que el sistema ha moldeado, limitado o agredido el concepto de lo que significa “ser mujer” en nuestro país.

LILA no necesita palabras para incomodar, para emocionar o para inspirar. Todo lo hace desde el cuerpo, desde lo físico, con movimientos suspendidos en el aire, con telas, trapecios, aros, mástiles… que más que elementos circenses, se convierten en símbolos de resistencia, de caída y de vuelo. Esta es una obra que pone el cuerpo al centro: como trinchera, como territorio de lucha, como espacio de belleza y también de contradicción.

Detrás de esta poderosa puesta en escena están Jessica González y Jorge Díaz, quienes dirigen la obra y, en el caso de Jorge, también es el autor del montaje. Lo que me parece aún más interesante es que la compañía Tránsito Cinco Artes Escénicas S.C., que produce esta pieza, no solo se dedica a crear espectáculos. También da cursos, forma artistas y se enfoca en acercar el arte escénico a públicos nuevos. Y eso, en estos tiempos, es casi un acto revolucionario.

El elenco está compuesto por artistas que no solo interpretan, también transforman el espacio con su presencia: Alejandra Palestina, Ali Salguero, Ixchel Salazar, Fernanda Palacios y Jessica González. Todo el equipo creativo se alinea para lograr un montaje limpio, poético, potente. Desde la iluminación a cargo de Edgar Mora, hasta el diseño de vestuario que también firma González. Todo está pensado con detalle, sin pretensiones, pero con una intención clara: sacudir desde el arte.

Además, antes de que inicie cada función, se realiza una dinámica con el público para conectar más profundamente con la temática. Este puente entre escena y espectador hace que la experiencia no sea solo de observación, sino de participación emocional.

En un país como el nuestro, donde tantas voces femeninas siguen silenciadas o desoídas, LILA no solo es una obra. Es una conversación urgente. Un salto sin red hacia una verdad que necesitamos mirar desde todos los ángulos, incluso desde las alturas.