No Me Sigas: La maldición viral que convierte un juego en línea en una pesadilla real

El 30 de octubre, el terror sobrenatural hablará español con el estreno de No Me Sigas, la primera producción original mexicana de Blumhouse, la casa detrás de éxitos como Actividad Paranormal y El Teléfono Negro. Filmada en secreto en la Ciudad de México, esta cinta representa un hito en la historia del cine de género en América Latina y promete una experiencia aterradora anclada en la era digital. Distribuida por Cinépolis, su lanzamiento coincidirá con la temporada de Halloween, acompañada de una experiencia inmersiva en Six Flags México.

Dirigida por los hermanos Ximena y Eduardo Lecuona, la película cuenta con las actuaciones de Karla Coronado, Julia Maqueo y Yankel Stevan, quienes dan vida a una historia donde la obsesión por la fama en redes sociales se transforma en una pesadilla sin control. En el centro del relato está Carla, una joven que busca volverse viral fingiendo rituales paranormales desde su departamento en un edificio con fama de estar embrujado. Pero lo que comienza como un truco para atraer seguidores se convierte en una invocación real cuando una presencia maligna comienza a manifestarse frente a la cámara.

No Me Sigas fue escrita por Ximena Lecuona, reconocida por Anything’s Possible y seleccionada por Variety entre las guionistas más prometedoras de 2022. Con una duración de 82 minutos y una narrativa visual moderna, la película utiliza el lenguaje del found footage y el performance digital para explorar el miedo contemporáneo a perder el control sobre lo que se publica en línea.

La historia combina suspenso psicológico, crítica social y horror sobrenatural en un formato que conecta con las nuevas generaciones habituadas al registro constante de su vida frente a la cámara.

La cinta es una coproducción internacional entre Blumhouse y cuatro compañías que han impulsado el cine de género en la región: la mexicana Maligno Gorehouse (Huesera, Párvulos), Edge Films, Wild Sheep Content —fundada por Erik Barmack, exdirector de originales internacionales de Netflix— y Cinépolis. Esta colaboración fusiona talento local con experiencia global, consolidando a México como un nuevo epicentro del terror cinematográfico.

La música original de Craig Davis Pinson, la fotografía de Selene Berazueta y el diseño sonoro de Mario Martínez Cobos aportan una atmósfera intensa que refuerza la sensación de peligro latente. Cada elemento técnico fue diseñado para sumergir al espectador en un universo inquietante donde las pantallas y los rituales digitales se vuelven portales a lo desconocido.

Como parte de su promoción, el 13º Festival de Cine de Terror y Six Flags México presentan la Casa del Terror No Me Sigas, una atracción que recrea las escenas más perturbadoras de la película. En este recorrido, los visitantes podrán experimentar de cerca el suspenso y los rituales que dan vida a la historia, conectando el cine con una vivencia física que intensifica el miedo.

No Me Sigas marca un antes y un después para el cine de horror en español. Más que una película, es una advertencia sobre los límites difusos entre la realidad y la ficción digital, y sobre lo que puede ocurrir cuando la búsqueda de atención abre puertas que nunca debieron cruzarse. El miedo ya no solo se ve en la pantalla: ahora se siente, se graba y se comparte.

Drácula: El amor que desafió a Dios y condenó al alma eterna

Hay historias que creemos que ya nos sabemos, que hasta las hemos escuchado de mil formas: con colmillos, con capas, con castillos tenebrosos y crucifijos al cuello. Pero ahora, viene Drácula… y no, no es el que te contaron en Halloween. Esta nueva versión no solo reinventa al vampiro más famoso del mundo, lo desnuda. Lo muestra roto, triste, enamorado, y más humano que monstruo. Y todo esto lo trae de regreso al cine nada menos que Luc Besson, sí, el mismo que dirigió El Quinto Elemento y Léon: El Profesional.

Drácula llega exclusivamente a las salas de cine en México bajo el sello de Zima Entertainment. Y no viene suave. La historia se mete directo a las raíces del personaje, inspirado por la novela de Bram Stoker, pero va más allá: aquí, el príncipe Vlad no es solo una leyenda oscura, es un hombre destrozado por la muerte de su esposa, que se atreve a desafiar a Dios y es condenado a vivir para siempre con la maldición de la sangre.

Luc Besson arma una película visualmente intensa, emocionalmente brutal y poéticamente oscura. Una especie de ópera gótica donde lo que se grita no es solo terror, sino amor, pérdida y desesperación. La actuación protagónica corre a cargo de Caleb Landry Jones —que ya la rompió en DogMan— y se suma Christoph Waltz, ese actor que transforma cualquier papel en algo hipnótico. Juntos le dan vida a un Drácula que no te muerde, te desgarra desde adentro.

Y por si eso fuera poco, la atmósfera de la película viene reforzada por la música de Danny Elfman, maestro de lo siniestro, y un dato curioso: se dice que el tono emocional de la cinta fue influenciado por las canciones de Billie Eilish. Todo encaja. Lo triste, lo romántico, lo sombrío. Todo al borde del abismo.

La historia se rodó en los paisajes fríos y melancólicos de Finlandia, y eso se nota: el ambiente pesa, la oscuridad duele y cada escena parece un cuadro pintado con sombra y sangre. Pero ojo, no es solo una película para fans del terror, es una de esas cintas que se sienten como un puñal bonito al corazón. De esas que no puedes ver sin quedarte pensando después.

Drácula no llega a asustar. Llega a romper. Y si creías que ya lo habías visto todo del vampiro más famoso, te falta mirarlo a los ojos cuando está solo.