Lo que queda de nosotros: vuelve a emocionar una historia de duelo, amor y reencuentro

La obra Lo que queda de nosotros regresa a los escenarios con una nueva temporada que retoma la historia que ha conmovido a miles de espectadores. Con una propuesta escénica renovada y el sello sensible de la compañía Los Tristes Tigres, el montaje vuelve para explorar, desde el teatro, temas universales como el duelo, el abandono, la lealtad y la posibilidad de volver a amar incluso después de la pérdida.

La pieza, escrita por Sara Pinet y Alejandro Ricaño, se presentará en el Teatro Ofelia con funciones todos los sábadosa las 13:00 horas. Esta nueva temporada contará con tres funciones especiales con Adrián Vázquez los días 14, 21 y 28 de marzo. El montaje está clasificado como familiar, recomendado para público a partir de los ocho años.

Bajo la dirección de Adrián Vázquez, reconocido por su trabajo en la escena teatral mexicana, la obra mantiene el texto original pero plantea una puesta distinta. El director explicó que la intención fue darle una lectura fresca sin perder la esencia emocional que la ha caracterizado. “Esta nueva versión tiene a integrantes de Los Tristes Tigres con actores invitados para llevarla al máximo. Aunque el texto es el mismo, la puesta en escena es distinta: fresca, honesta y profundamente nuestra, con el humor aguerrido y la carga emocional que nos define hace 20 años”.

La historia sigue a Nata, una adolescente que enfrenta la muerte de su padre. Abrumada por el dolor, decide romper con todo vínculo emocional y abandona a su perro Toto en un parque. Sin embargo, esa decisión marca el inicio de dos trayectos paralelos: el de Nata, que deberá atravesar su propio proceso de duelo, miedo y soledad, y el de Toto, quien tras ser atropellado y perder una pata, emprende un viaje inesperado para intentar regresar a casa.

El montaje apuesta por una narrativa que combina humor, ternura y momentos profundamente emotivos. En escena participan Fátima Favela y Carla Adell alternando el papel de Nata, mientras que Adrián Vázquez interpreta a Toto.

La producción integra además música en vivo compuesta por Ricardo Estrada, diseño escénico de Félix Arroyo y vestuario de Giselle Sandiel. La producción ejecutiva está a cargo de Carlos Patrick Casanova y Mónica Aline Vega, con prensa dirigida por Sandra Narváez y redes sociales gestionadas por María José Constantino.

A lo largo de la obra, el público se encuentra con una historia que habla sobre lo que duele, lo que permanece y lo que se puede reconstruir. A través de una narrativa sencilla y emotiva, Lo que queda de nosotros propone una reflexión sobre las pérdidas y los reencuentros, mostrando cómo el amor puede persistir incluso frente a los momentos más difíciles.

Los boletos tienen un costo general de 550 pesos y están disponibles en la taquilla del Teatro Ofelia y a través de Ticketmaster. Con su mezcla de humor, sensibilidad y música en vivo, la obra vuelve a escena como una invitación a mirar de frente las emociones y recordar que incluso en medio del dolor siempre existe la posibilidad de regresar a lo que aún queda.

Mictlán: El espectáculo circense que transforma la muerte en un viaje de vida

Desde el corazón de Coyoacán llega una propuesta escénica que convierte el duelo en arte y la muerte en un motivo para celebrar. Mictlán, una producción de la compañía Cielo Azul Circo, se presentará en el Foro Coyoacanense Hugo Argüelles del 31 de octubre al 9 de noviembre, con funciones dobles a las 18:00 y 20:00 horas.

Este espectáculo de gran formato une el circo contemporáneo, la danza, el teatro y la música mexicanaen vivo para narrar un viaje simbólico al inframundo, inspirado en la cosmovisión náhuatl.

La historia se desarrolla a partir de Sara, una acróbata que pierde la vida durante una actuación y emprende, desde su propio funeral, una travesía hacia el Mictlán, el mítico mundo de los muertos. A través de su recorrido, el público acompaña a la protagonista en un proceso de descubrimiento y aceptación, donde la muerte se revela no como un final, sino como una transformación.

El espectáculo toma como base la investigación de fuentes históricas como el Códice Florentino y la Historia general de las cosas de la Nueva España, de Fray Bernardino de Sahagún, que describen la visión del pueblo náhuatl sobre la muerte como una transición natural y sagrada. Bajo esta inspiración, la obra propone una reflexión contemporánea sobre la pérdida, la memoria y la continuidad del espíritu.

El origen de Mictlán se remonta al duelo colectivo que marcó a la sociedad durante la pandemia de 2020. A partir de ese contexto, la compañía Cielo Azul Circo decidió crear una puesta en escena que funcionara como un espacio de sanación emocional, donde el arte circense se transforma en un lenguaje capaz de dignificar el dolor y reconectar al público con el sentido ritual de la vida y la muerte.

La pieza combina disciplinas como el malabarismo, la contorsión, la danza aérea y la acrobacia, utilizando el cuerpo como vehículo expresivo de emociones profundas. Cada número se integra con una banda sonora ejecutada en vivo, que mezcla instrumentos tradicionales mexicanos con arreglos contemporáneos, reforzando la conexión entre lo ancestral y lo actualLa escenografía, la iluminación y el movimiento generan un ambiente inmersivo que traslada al espectador al universo místico del inframundo prehispánico.

Más que un espectáculo, Mictlán se presenta como una ceremonia escénica que honra a los que ya partieron, recuperando el sentido espiritual que las culturas originarias daban a la muerte. Su mensaje central es claro: los recuerdos y el amor no desaparecen, sino que permanecen como huellas vivas que nos acompañan. En cada acrobacia, acorde y respiración, esta obra invita a reconciliarse con la idea del final como parte de un ciclo continuo, donde la memoria y la celebración conviven en equilibrio.

En pleno mes de Día de Muertos, Mictlán llega para ofrecer una experiencia artística que une tradición, movimiento y emoción, recordando que incluso en el adiós, la vida sigue danzando.

Vitam Mortem: La obra que convierte la muerte en arte, risas y papel

Hay una historia que empieza justo donde todo, en teoría, termina: en un funeral. Ahí comienza Vitam Mortem, una obra que te atrapa desde el primer segundo sin pronunciar una sola palabra. Se trata de un espectáculo familiar que, aunque gira en torno a la muerte, logra abordar el tema con una sensibilidad sorprendente, mezclando sombras, papel, música y un extraño sentido del humor que no esperaba encontrar en un teatro lleno de duelo… o eso pensé.

Presentada por la compañía Teatro Ñeque, liderada por Miguel Ángel Morales y Mauricio Martínez, Vitam Mortem es una experiencia escénica que prescinde del lenguaje hablado, utilizando el teatro de papel y de sombras como medios principales para narrar. La historia, escrita por Gabriel Ortega, se convierte en un viaje visual y sonoro que, lejos de hundirte en tristeza, te invita a reflexionar sobre la vida, los adioses y la posibilidad de reírte —sí, reírte— del inevitable final.

Todo comienza con un personaje ya muerto, tendido en su ataúd. Pero la sorpresa viene cuando un gusano se convierte en su inesperado compañero de escena. Entre ambos surge una dinámica entrañable, absurda y llena de pequeñas sorpresas, que se ve alterada por el juego inocente de dos niños. Este encuentro provoca un reinicio accidental del ciclo de la vida, y ahí, la obra se transforma en unameditación juguetona y profunda sobre lo efímero y lo eterno.

No hay diálogos. En cambio, lo que guía la obra es una atmósfera sonora envolvente, compuesta por el mismo Mauricio Martínez, que también se encarga de manipular títeres junto a Miguel Ángel Morales.Paula Vite dio vida visual a los personajes y Mario Rodrigo Castro acompañó desde la asistencia de dirección para lograr que cada escena se sienta viva y rica en matices. Todo se da con una sutileza que emociona sin exagerar, y con una estética que encanta sin necesidad de palabras.

La puesta en escena se presentará en el Foro Alternativo del Centro Cultural Helénico hasta el 8 de junio de 2025. Las entradas están disponibles tanto en las taquillas del Helénico como en helenico.gob.mx.

Vitam Mortem no es una obra común. Es un acto de arte que nos enseña que los adioses pueden ser dulces, incluso graciosos, y que a veces lo más triste puede contarse con la ligereza de una sombra proyectada o el vuelo de una marioneta de papel.