Un monólogo sobre la despedida: “Acomodar” llega al Cenart con sello franco-mexicano

El Centro Nacional de las Artes (Cenart) abre sus escenarios a una propuesta internacional que conecta dos tradiciones teatrales en una misma puesta: Acomodar, obra del creador francés Pascal Rambert que tendrá su estreno en México con una temporada en el Foro de las Artes. La pieza, escrita y dirigida por el propio Rambert, se presenta como un monólogo protagonizado por el actor Alberto Lomnitz y forma parte de una colaboración artística entre Francia y México.

La historia se sitúa en el espacio íntimo de una habitación de hotel. Ahí, un hombre en la etapa final de su vida, tras haber recibido un reconocimiento a su trayectoria, enfrenta la memoria de una relación amorosa que marcó su existencia. Desde ese punto, el personaje transita por recuerdos y reflexiones vinculadas con la ausencia, en un recorrido que articula temas como el amor, la pérdida y la muerte.

El montaje tiene su origen en la obra Ranger, presentada previamente en Francia, y llega ahora al público mexicano en una versión en español bajo el título Acomodar. Este estreno se enmarca en la conmemoración del Día Mundial del Teatro y forma parte de un proceso de intercambio cultural que busca vincular la escena europea con el contexto mexicano. La producción en el país está a cargo de Adime Producciones.

La propuesta escénica integra una lectura que dialoga con elementos culturales de ambas naciones. A la visión europeasobre la despedida se suma una perspectiva mexicana que incorpora nociones como la celebración, el renacimiento y ladimensión espiritual. El resultado se construye a partir de un lenguaje escénico que privilegia la sobriedad y la exploración emocional.

Pascal Rambert, reconocido por su trayectoria como escritor, director y coreógrafo, ha desarrollado una relación sostenida con el teatro mexicano durante más de seis años. Su obra ha sido presentada en distintos circuitos internacionales y ha sido traducida a más de 20 idiomas. En 2016 recibió el Premio de Teatro de la Académie Française por el conjunto de su trabajo. Sobre su participación en este proyecto, el autor señala: “Es una historia de amorcon un gran país. El actor Alberto Lomnitz asume el reto de sostener la obra en solitario, en un formato que exige precisión técnica y una fuerte implicación emocional.

El proyecto cuenta con el respaldo del estímulo fiscal Efiartes y el apoyo de la empresa Inbursa, así como de la Embajada de Francia en México, el Instituto Francés de América Latina (IFAL) y el propio Cenart.

La temporada se llevará a cabo del 27 de marzo al 26 de abril, con excepción del periodo del 2 al 5 de abril. Las funciones están programadas jueves y viernes a las 20:00 horas, sábados a las 19:00 y domingos a las 18:00 horas. El costo de entrada es de 200 pesos, con promociones especiales como “Jueves de 50 pesos” y descuentos 2×1 disponibles en línea y en taquilla.

Helena toma la palabra: “Juicio a una zorra” vuelve en 2026 como cita semanal en La Teatrería

La cartelera teatral de la Ciudad de México suma nuevamente uno de sus títulos más reconocidos con el regreso de “Juicio a una zorra”, monólogo que retomará funciones en 2026 tras dos temporadas consecutivas durante 2025 marcadas por localidades agotadas y una respuesta sostenida del público. La obra volverá a presentarse todos los viernes a las 20:30 horas en La Teatrería, consolidándose como una de las propuestas escénicas contemporáneas más relevantes de los últimos años.

Protagonizada por Itatí Cantoral, con texto del dramaturgo español Miguel del Arco y dirección de Alonso Íñiguez, la puesta en escena propone una relectura del mito de Helena de Troya desde una perspectiva actual, femenina y profundamente humana. En este montaje, el personaje central toma la palabra para reconstruir su historia desde su propia voz, confrontando los relatos heredados y resignificando conceptos como el deseo, la culpa y la justicia.

El regreso de “Juicio a una zorra” responde al impacto generado durante su paso por la cartelera en 2025, cuando se posicionó como un referente escénico gracias al boca en boca, la fidelidad del público y el interés de la crítica especializada. Su permanencia en la memoria de los espectadores impulsó la reapertura de funciones para quienes no lograron verla y para quienes buscan revivir una experiencia teatral que ha sido descrita como intensa y provocadora.

La propuesta escénica se articula como un monólogo directo y frontal, en el que Helena interpela al espectador desde un espacio íntimo. La obra se desarrolla como un alegato donde la palabra se convierte en herramienta de defensa y afirmación. En palabras de Itatí Cantoral: “Helena no pide perdón, pide ser escuchada. Cada función de Juicio a una zorra es un acto de verdad, de valentía y de profunda conexión con el público.” Esta declaración sintetiza el eje central del montaje y su relación con la audiencia.

La dirección de Alonso Íñiguez apuesta por una puesta en escena contenida que potencia el texto y la interpretación, permitiendo que el discurso y la presencia actoral construyan la tensión dramática. La adaptación de Miguel del Arcodialoga con problemáticas contemporáneas sin alterar la esencia del mito clásico, trasladándolo a un contexto donde la revisión histórica y la mirada crítica cobran vigencia.

A partir de su regreso en 2026, “Juicio a una zorra” se instala como una cita semanal con el teatro en La Teatrería, reafirmando su lugar dentro de la oferta cultural de la capital. La obra se presenta como una experiencia escénica que no solo se observa, sino que se vive y se recuerda, manteniendo su carácter actual y su capacidad de generar una conexión emocional directa con el público función tras función.

Daniel Delgadillo canta desde el alma “En esta vida y la que sigue” dejando huella

A veces llega una canción que no solo se escucha, se siente. Así suena “En esta vida y la que sigue”, el nuevo sencillo de Daniel Delgadillo, una voz que no viene a copiar, sino a florecer desde la raíz. Es el primer vistazo de su EP “Otoño”, una joyita de cuatro canciones que suenan como si alguien hubiera escrito música con las emociones que se quedan cuando las palabras ya no alcanzan.

Daniel no se sube al escenario con la intención de impresionar, sino con la urgencia de compartir algo honesto. Desde chico se ha parado junto a su papá, Fernando Delgadillo —sí, ese trovador que ya es parte de la historia musical de México—, pero ahora camina solo, con pasos firmes, sin miedo a mostrar lo que lleva dentro. Su música no busca likes ni fórmulas. Es pura emoción encapsulada en acordes, letras que acarician sin necesidad de gritar.

En “En esta vida y la que sigue” no hay fuegos artificiales. Hay algo más raro: verdad. Una voz cálida, limpia, que canta al amor sin tiempo, a los silencios que también hablan, a lo que permanece aun cuando todo cambia. Esa canción, que ya empieza a tocar fibras por donde pasa, es como una carta escrita al alma, sin fecha de caducidad.

“Otoño” no es un disco más. Es un viaje corto, pero intenso. Una especie de mapa emocional donde cada canción refleja un pedacito del alma: la nostalgia, el amor que se va pero no se olvida, los recuerdos que pican y las promesas que todavía no se cumplen. Es el primer paso de un proyecto mayor llamado “En la Misma Habitación”, que pinta para convertirse en algo que se quedará con quien lo escuche con el corazón abierto.

Daniel ha pisado escenarios importantes, como el Lunario del Auditorio Nacional, el Vive Latino y el Trovafest. Pero lo suyo no es el show: es la conexión. Cada presentación es como un susurro bien dicho, como si entregara un secreto que solo algunos sabrán leer completo.

Con “Otoño”, Daniel no solo compone, transforma. Su música no es para encender la fiesta, sino para calmarla. Es un refugio, un espacio íntimo donde se siente que todavía hay artistas que le cantan al alma sin prisa. Una revolución callada, pero potente, que ya empieza a hacerse notar en la escena musical mexicana.

Y así, entre guitarras y palabras precisas, Daniel Delgadillo demuestra que la sensibilidad aún tiene un lugar en la música. Porque en esta vida —y sí, también en la que sigue—, su voz tiene mucho que decir.