Madrinas: Una obra con humor negro y crítica social sobre el poder femenino

En pleno corazón de la colonia Juárez, en la Ciudad de México, el Teatro El Milagro se convierte en escenario de una propuesta teatral que no pasa desapercibida. “Madrinas”, una producción de Cacumen Producciones en colaboración con Seres Comunes, escrita y dirigida por Alfonso Cárcamo, se presenta como una comedia negra que combina humor ácido, crítica social y un retrato directo del empoderamiento femenino en contextos cotidianos marcados por la violencia.

La obra sigue la historia de Cristina y Pandora, dos amas de casa de Chalco, Estado de México, interpretadas por Alicia Martínez y Guadalupe Damián. Ambas se ven obligadas a redefinir sus vidas tras el asesinato de sus maridos a manos de un cártel enemigo. En ese momento crucial deciden tomar las riendas del negocio familiar para proteger a sus hijos, enfrentándose a decisiones que exigen valentía y estrategia para sobrevivir en un entorno dominado por la brutalidad.

“Madrinas” se distingue por exponer dos modelos de empoderamiento femenino. Uno sigue esquemas jerárquicos tradicionales, mientras que el otro propone un equilibrio que desafía estructuras heteropatriarcales. Este contraste marca la evolución de las protagonistas y pone a prueba la fortaleza de su amistad. La tensión entre la ternura de las decisiones tomadas por amor y la crudeza de las acciones necesarias para sobrevivir se convierte en uno de los ejes del montaje.

Con escenografía e iluminación de Patricia Gutiérrez, vestuario de Jerildy Bosch, diseño sonoro de Juan José Rodríguez y maquillaje y peinados de Brenda Castro, “Madrinas” construye una atmósfera donde lo doméstico y lo violento se mezclan para revelar la normalización de la violencia en la vida cotidiana. La producción ejecutiva está a cargo de Fausto Castaño y cuenta también con la participación de Adriana Morales en el elenco.

La temporada se lleva a cabo del 27 de septiembre al 9 de noviembre de 2025 en el Teatro El Milagro, ubicado en Milán 24, entre Lucerna y General Prim, colonia Juárez. Las funciones son los miércoles, jueves y viernes a las 20:00 h, sábados a las 19:00 h y domingos a las 18:00 h, con pausa los días 1 y 2 de noviembre. La puesta en escena está dirigida a un público mayor de 18 años y los boletos pueden adquirirse en la taquilla del recinto o a través de Boletópolis.

Con una narrativa que desafía estereotipos y una propuesta escénica que mezcla comedia negra y drama, “Madrinas” se perfila como una obra que invita al público a reconocerse en sus personajes y a reflexionar sobre los roles femeninos en la familia y en la sociedad.

La Duquesa de Malfi revive una tragedia que incomoda y transforma

Hay obras que no solo se ven: se sienten como un puñal silencioso que atraviesa la historia y se clava en el presente. Así me pasó con La Duquesa de Malfi, una tragedia escrita hace siglos que hoy llega al escenario mexicano con más fuerza y vigencia que nunca. Bajo la dirección de Ruby Tagle Willingham, esta puesta en escena se presenta como un grito de dignidad entre tanta oscuridad hasta el 29 de junio en el Teatro Orientación Luisa Josefina Hernández.

Esta no es una historia cualquiera. En medio de una corte donde el poder y la corrupción lo controlan todo —incluso el cuerpo de las mujeres—, aparece una duquesa que no está dispuesta a ceder su voluntad. Rodeada de hombres violentos, fanatismo y opresión, ella se convierte en una llama que arde con fuerza en un lugar donde todo busca apagarla. Es una historia basada en hechos reales, pero también un espejo de nuestro presente, donde todavía se cuestiona quién tiene derecho a decidir sobre el cuerpo de una mujer.

El montaje de Tagle no se queda en el pasado. Con un equipo creativo de lujo y una estética poderosa, la puesta equilibra fidelidad histórica con una mirada contemporánea. Hay tensión, hay belleza, hay brutalidad y también poesía. El diseño de iluminación de Jesús Hernández, el vestuario de Carlo Demichelis, la música de Emil Rzajev y hasta las coreografías de combate escénico nos llevan por un camino emocional que no da tregua.

El elenco, encabezado por Paulina Treviño, da vida a personajes atrapados entre la ambición, la melancolía y la represión. Y sí, también hay esperanza, una esperanza encarnada en una mujer que, contra todo, no renuncia a ser quien es. Esa duquesa no es solo un personaje: es símbolo, es advertencia, es desafío.

Más allá del drama, esta obra busca ser un acto de resistencia simbólica. Un conjuro escénico, como lo llama su directora, para que el horror que se muestra no se repita en la vida real. Porque el teatro, cuando se hace con verdad, tiene el poder de señalar las heridas del presente y proponer una cura. No solo es arte, es una declaración.

Y en este tiempo donde lo efímero reina, ver una obra como La Duquesa de Malfi es detenerse, escuchar, sentir y, sobre todo, pensar. Porque el dolor narrado puede convertirse en conciencia, y la belleza, en rebeldía.