Amor, literatura y ruptura: una historia del siglo XX revive en “Las agujas dementes”

Una nueva propuesta escénica llega al Teatro El Granero Xavier Rojas, dentro del Centro Cultural del Bosque, con una mirada centrada en uno de los episodios más revisados de la literatura anglófona del siglo XX. Se trata de Las agujas dementes, obra escrita por Jorge Volpi, que será presentada en una temporada organizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) y la Coordinación Nacional de Teatro, en colaboración con Cacumen Producciones.

Bajo la dirección de Benjamín Cann, el montaje reúne en escena a Paulina Treviño, Tizoc Arroyo, Ximena Romo Mercado y Misha Arias de la Cantolla. La obra construye su narrativa a partir de las relaciones personales y creativas entre dos parejas de escritores: Sylvia Plath y Ted Hughes, junto con David y Assia Wevill. La llegada de este último matrimonio a la vida de los Hughes marca un punto de quiebre en la estabilidad del hogar, detonando una serie de tensiones que se desarrollan en el ámbito íntimo.

La historia se sitúa en la década de los sesenta y articula su desarrollo desde las voces de dos mujeres, Sylvia y Assia, quienes reconstruyen los hechos desde una dimensión que trasciende lo lineal. En ese proceso, se entrelazan experiencias atravesadas por condiciones sociales y de género propias de su tiempo, así como por una carga emocional que define el destino de ambas.

El director Benjamín Cann explica: “Las agujas dementes dramatiza la compleja relación entre Sylvia Plath, Ted Hughes, Assia y David Wevill. Ambientada en los años sesenta, la obra se articula en torno a una pregunta central: ¿qué ocurre cuando el amor y la poesía no bastan para salvar la vida? De este modo, revela la fuerza y la vulnerabilidad de dos mujeres geniales unidas por un mismo destino”.

La estructura del texto plantea un juego fragmentado del tiempo, donde los recuerdos y las voces femeninas adquieren un papel central en la reconstrucción de los acontecimientos. Este enfoque permite exponer la fragilidad de las relaciones humanas y los conflictos que emergen en contextos marcados por el deseo, el poder y las dinámicas afectivas.

El equipo creativo suma a Matías Gorlero en escenografía e iluminación, Estela Fagoaga en vestuario y Federico Schmucler en música original y diseño sonoro. La producción general está a cargo de Cacumen Producciones, encabezada por Tizoc Arroyo, con producción ejecutiva de Anabel Caballero y la dirección residente de Miguel Santa Rita.

La temporada se desarrollará del 28 de marzo al 24 de mayo, con funciones jueves y viernes a las 20:00 horas, sábados a las 19:00 y domingos a las 18:00 horas. El calendario contempla suspensión de funciones los días 2 y 3 de abril, así como el 1 de mayo.

La Duquesa de Malfi revive una tragedia que incomoda y transforma

Hay obras que no solo se ven: se sienten como un puñal silencioso que atraviesa la historia y se clava en el presente. Así me pasó con La Duquesa de Malfi, una tragedia escrita hace siglos que hoy llega al escenario mexicano con más fuerza y vigencia que nunca. Bajo la dirección de Ruby Tagle Willingham, esta puesta en escena se presenta como un grito de dignidad entre tanta oscuridad hasta el 29 de junio en el Teatro Orientación Luisa Josefina Hernández.

Esta no es una historia cualquiera. En medio de una corte donde el poder y la corrupción lo controlan todo —incluso el cuerpo de las mujeres—, aparece una duquesa que no está dispuesta a ceder su voluntad. Rodeada de hombres violentos, fanatismo y opresión, ella se convierte en una llama que arde con fuerza en un lugar donde todo busca apagarla. Es una historia basada en hechos reales, pero también un espejo de nuestro presente, donde todavía se cuestiona quién tiene derecho a decidir sobre el cuerpo de una mujer.

El montaje de Tagle no se queda en el pasado. Con un equipo creativo de lujo y una estética poderosa, la puesta equilibra fidelidad histórica con una mirada contemporánea. Hay tensión, hay belleza, hay brutalidad y también poesía. El diseño de iluminación de Jesús Hernández, el vestuario de Carlo Demichelis, la música de Emil Rzajev y hasta las coreografías de combate escénico nos llevan por un camino emocional que no da tregua.

El elenco, encabezado por Paulina Treviño, da vida a personajes atrapados entre la ambición, la melancolía y la represión. Y sí, también hay esperanza, una esperanza encarnada en una mujer que, contra todo, no renuncia a ser quien es. Esa duquesa no es solo un personaje: es símbolo, es advertencia, es desafío.

Más allá del drama, esta obra busca ser un acto de resistencia simbólica. Un conjuro escénico, como lo llama su directora, para que el horror que se muestra no se repita en la vida real. Porque el teatro, cuando se hace con verdad, tiene el poder de señalar las heridas del presente y proponer una cura. No solo es arte, es una declaración.

Y en este tiempo donde lo efímero reina, ver una obra como La Duquesa de Malfi es detenerse, escuchar, sentir y, sobre todo, pensar. Porque el dolor narrado puede convertirse en conciencia, y la belleza, en rebeldía.