Autoridades investigan a subsecretario de Agricultura de Veracruz por presunto desvío de recursos y otros delitos

Vínculos con crimen organizado, desvío de recursos públicos y conspiración contra la normatividad sanitaria para el ganado en Veracruz tienen en el reflector de los escándalos al Subsecretario de Ganadería del Gobierno de Veracruz, Humberto Amador Zaragoza. 

 

El funcionario estatal está en la mira de las autoridades judiciales por sus vínculos con Jacinto Rodríguez, líder de un grupo armado brazo local del Cartel Jalisco Nueva Generación.

 

Además, el Subsecretario de Ganadería del Gobierno de Veracruz, Humberto Amador Zaragoza ha sido señalado por el desvio de recursos al usar maquinaria del gobierno del estado para trabajos particuares en su rancho. 

 

Por si esto fuera poco está en la mira de la SADER federal y de SENASICA por quererse saltar la normatividad federal y pretender irse por la libre haciendo su propio negocio del control zoosanitario y de movilización del ganado, lo que pone en riesgo los estatus zoosanitarios de Veracruz. Así, en su rancho, el subsecretario Humberto Amador, areta vacas compradas en Playa Vicente, con aretes de la Asociación Ganadera de Isla, de la que su compadre Ramón Trees es el presidente.  

 

En las comunidades de Playa Vicente,  los pobladores y demás productores han visto con recelo el crecimiento y mejora del rancho de la familia del sub secretario de Ganadería, y se dan cuenta como en cada feria Ganadera, que se organizan en coordinación con municipios, varios de los productos que se ofertan, y que se compran con recursos públicos, van a parar al rancho de Amador Zaragoza. 

 

Imágenes que circulan en múltiples medios locales, muestran que este funcionario no ha tenido empacho ni vergüenza en usar los recursos públicos para mejorar sus propiedades, mientras el productor promedio, tiene que sacar dinero de su bolsa para mejor sus ranchos, no tienen la suerte de estar en gobierno como el sub secretario.

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En una serie de eventos que ha generado consternación y preocupación en Culiacán, Sinaloa, un repartidor del periódico El Debate fue secuestrado la mañana del sábado, solo un día después de que las instalaciones del medio fueran atacadas a balazos. La situación, que ha encendido las alarmas sobre la violencia contra la prensa en la región, ha desatado críticas hacia las autoridades por su aparente incapacidad para garantizar la seguridad de los trabajadores de medios de comunicación.

 

El repartidor fue interceptado mientras se dirigía a su domicilio en su motocicleta. Según informó el mismo periódico en sus redes sociales, el trabajador fue “perseguido y tirado de su moto por sujetos a bordo de un vehículo”. Tras el ataque inicial, logró refugiarse en un negocio cercano, donde se lesionó la rodilla debido a la caída. Fue trasladado a la Cruz Roja y posteriormente al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), pero en el trayecto, los agresores lograron ubicarlo nuevamente y procedieron a secuestrarlo, junto con un compañero de trabajo que lo acompañaba en ese momento.

 

Este secuestro ha generado un clima de temor en los trabajadores de El Debate, un periódico de gran tradición en Sinaloa. Apenas un día antes, la madrugada del viernes, un grupo de personas armadas disparó al menos 12 veces contra las instalaciones del medio en Culiacán. Afortunadamente, no se registraron personas lesionadas en ese ataque. Sin embargo, las huellas de la violencia quedaron grabadas en las paredes de la casa editorial, recordándole al equipo periodístico el peligro inherente a su labor.

 

“Las marcas del ataque en nuestras instalaciones nos hacen revivir otros fuertes momentos que hemos pasado al cumplir con nuestra labor de informar”, expresó la dirección del periódico, en una declaración que refleja el temor y la frustración del gremio periodístico frente a la violencia que enfrentan en el estado.

 

Ante estos incidentes, el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, intentó restar gravedad a los hechos, asegurando que el ataque armado contra El Debate no era parte de una persecución deliberada contra el medio o sus trabajadores. Según el mandatario, el incidente fue un “caso aislado” que ocurrió porque miembros de las fuerzas de seguridad se refugiaron en las instalaciones del periódico durante un enfrentamiento con presuntos delincuentes.

 

En una rueda de prensa posterior, Rocha Moya intentó enviar un mensaje de calma al gremio periodístico: “Hagan su trabajo, nosotros vamos a cuidar”, afirmó. Sin embargo, estas palabras no lograron aplacar las preocupaciones de los trabajadores de El Debate, quienes manifestaron que, a pesar de las declaraciones oficiales, no han visto un incremento en las medidas de seguridad en sus instalaciones ni protección adicional.

 

“Ni las expresiones de condena ni las promesas de protección a los periodistas y personal de El Debate han tenido efectos”, lamentó el medio en sus redes sociales, dejando en evidencia su desconfianza en las promesas gubernamentales.

 

El secuestro del repartidor, sumado al ataque armado contra las instalaciones del periódico, ha provocado una oleada de indignación en Culiacán. Líderes de opinión, organizaciones defensoras de la libertad de prensa y ciudadanos comunes han alzado la voz, exigiendo una respuesta más contundente por parte de las autoridades locales y federales. El clima de inseguridad para los periodistas en la región continúa siendo una preocupación latente, en un país que se ha convertido en uno de los más peligrosos para ejercer el periodismo.

 

El gobernador Rubén Rocha Moya, junto con el presidente municipal de Culiacán, Juan de Dios Gámez, visitaron las oficinas de El Debate tras los hechos, pero para muchos, esta visita simbólica ha sido insuficiente. El miedo persiste, y la desaparición del repartidor sigue sin resolverse, lo que añade una capa de incertidumbre a la ya frágil seguridad de los trabajadores de los medios de comunicación en Sinaloa.

 

Este trágico episodio es un recordatorio sombrío de los riesgos que enfrentan aquellos que se dedican a informar en zonas violentas, y pone de nuevo sobre la mesa la necesidad urgente de medidas reales y efectivas para proteger la libertad de prensa en México.