Itatí Cantoral da vida a una Helena que grita su verdad: Teatro que arde y emociona

Te imaginas salir de una obra sintiendo que Helena de Troya no era ese personaje pasivo del que todos hablan, sino una mujer de carne y hueso que, por fin, tuvo la oportunidad de decir lo que siempre calló.“Juicio a una zorra” es eso: un grito, un desahogo, un momento íntimo y brutal donde Itatí Cantoral se adueña del escenario y nos sacude con una verdad que lleva siglos encerrada.

A partir del 11 de julio y hasta finales de agosto, en La Teatrería, esta actriz que todos conocemos por su intensidad y carácter regresa al teatro con un monólogo que no se parece a nada. Basado en el texto del dramaturgo español Miguel del Arco, y bajo la dirección de Alonso Íñiguez, este montaje le da un giro completo al mito de Helena. Ya no es la mujer por la que se inició una guerra. Ya no es la culpable. Es una mujer harta de los juicios ajenos, dispuesta a enfrentar a su público con una copa de vino en la mano y la cabeza en alto.

Y ahí está ella, Helena, rompiendo el silencio. Sin gritos vacíos ni exageraciones. Solo con verdad. Con ese dolor que pesa y no se ve, con amor del bueno y del malo, con deseo que no pide disculpas y con una dignidad que atraviesa el escenario. La escenografía de Aurelio Hernández y la iluminación juegan perfecto con el ritual que se vive. El vestuario de Luis Roberto Orozco y la música original de Alan Muciño solo suman a esa atmósfera intensa que te mete de lleno en la historia.

Cantoral se entrega por completo. No hay un solo momento en el que su presencia baje de tono. Su interpretación es tan feroz como delicada, tan fuerte como humana. Nos lleva de la mano por cada emoción, palabra tras palabra, como si en verdad estuviéramos presenciando ese juicio al que ella se somete voluntariamente.

Esta versión de Helena no busca disculpas. Quiere que la escuchen. Y eso es justo lo que logra: que todos escuchemos. Que por un momento, todo lo que nos contaron se tambalee.

Las funciones son pocas: Solo ocho semanas, del 11 de julio al 31 de agosto. Puedes verla los viernes a las 20:30 h, sábados a las 18:00 h y 20:00 h, y domingos a las 18:00 h. Los boletos cuestan $800 y ya están a la venta en taquilla y plataformas digitales.

Ver esta obra no es ir al teatro como cualquier día. Es presenciar un acto de justicia poética. Y salir distinto.

Los Maromeros: Un viaje mágico entre montañas, mitos y mujeres que resisten

Hoy quiero contarles sobre una obra que me hizo ver el teatro con otros ojos. No es solo una puesta en escena, es como si te llevaran de la mano por un territorio salvaje, íntimo y profundo donde la memoria, los sueños y las heridas se entrelazan. Se llama Los Maromeros, y es la nueva creación de Verónica Musalem, una de las dramaturgas más potentes y sensibles de nuestro país, que está celebrando más de tres décadas contando historias que atraviesan.

Esta obra se estará presentando en el Teatro Salvador Novo del CENART hasta el 7 de junio,  y de verdad, si tienen chance, no se la pueden perder. Los Maromeros es parte de una trilogía que se inspira en la Sierra de Oaxaca, ese lugar donde la realidad parece tener otra textura, otra forma de latir. La historia sigue a una mujer que, al borde del colapso, se encuentra con una joven misteriosa que la guía hacia un proceso de renacimiento. Pero este no es un viaje cualquiera: es un ritual, un espejo, una tormenta.

La magia de esta obra es que combina lo urbano con lo ancestral, lo real con lo mítico. Y todo, absolutamente todo, está diseñado para envolverte: desde la escenografía e iluminación de Alain Kerriouhasta el vestuario de Edyta Rzewuska y la música de Alberto Santiago. Lo visual, lo sonoro y lo corporal te transportan a una sierra viva, simbólica, que se convierte en otro personaje más dentro del relato.

Los Maromeros es, en muchos sentidos, un canto a lo femenino, a lo invisible, a lo que arde y a lo que duele. Forma parte de una trilogía poderosa junto con Los Caminantes y Los Errantes o ese amor, todas creadas con apoyo del Sistema Nacional de Creadores. Son textos que han cruzado fronteras, hablados en francés, árabe, húngaro… y que han resonado desde París hasta Nueva York, desde Madrid hasta Santiago.

La obra está interpretada por un elenco fuerte y conmovedor: Gabriela Núñez, Gastón Yanes, Aleyda Gallardo, Luis Ernesto Verdín, Ginés Cruz, Ana Corti y David Sicars. Todos logran que la historia no solo se vea, sino que se sienta como una herida abierta que también puede sanar.

Verónica Musalem no solo escribe: ella habita sus palabras. Su trayectoria ha sido reconocida una y otra vez —Premio Emilio Carballido, becaria de FONCA, Iberescena, y muchas más—, pero lo más impresionante es su capacidad para seguir preguntándose, seguir explorando. Desde óperas en Bellas Artes hasta documentales, su obra nunca deja de moverse, de buscar el corazón de las cosas.

Así que si buscas una experiencia que te saque de lo cotidiano, que te hable de lo femenino sin clichés, que te lleve al origen para entender lo que somos hoy, Los Maromeros es esa obra. Cruda, poética, poderosa… como la vida misma.

Ahoradespués: Una obra que te invita a no postergar lo esencial

A partir del 5 de mayo de 2025, La Teatrería abre sus puertas a Ahoradespués, una puesta en escena que toma el tiempo como punto de partida para hablar de lo que no se dijo, lo que se quedó pendiente y lo que aún está por sanar. El proyecto, creado por Late Producciones y Magnífico Entertainment, se convierte en una especie de espejo que nos enfrenta con esas palabras que posponemos, los abrazos que dejamos en pausa y las emociones que disfrazamos de rutina.

El relato sigue el intento de un hijo por reconstruir el último día que pasó con su padre. Cada escena, cada detalle, cada espacio —desde una cancha de fútbol hasta la cocina familiar— son piezas de un rompecabezas emocional que se arma en tiempo real frente al público. En medio de este ejercicio de memoria, se filtran aromas, texturas, sonidos y silencios que narran tanto como las palabras.

Con la dirección sensible de Alonso Íñiguez, Ahora después se desenvuelve en un espacio visualmente simple pero emocionalmente profundo. La puesta permite que el espectador se conecte desde lo esencial, sin ornamentos, y encuentre en cada pausa y cada gesto una historia propia. Íñiguez, con su estilo reconocido en la escena teatral mexicana, afina la mirada para que lo mínimo tenga el peso de lo inmenso.

Jesús Zavala es quien da vida al hijo. Su actuación sostiene con fuerza y vulnerabilidad un monólogo que es, al mismo tiempo, íntimo y colectivo. A través de su interpretación, transita con naturalidad del humor a la nostalgia, del juego a la confesión. La historia se vuelve así una experiencia sensorial que hace presente todo lo que, de otra forma, quedaría olvidado en algún rincón del pensamiento.

El texto del dramaturgo argentino Guido Zappacosta, ganador del concurso CONTAR, aporta una narrativa cargada de afecto y precisión. Es un guion que no exige respuestas, pero sí atención. En lugar de grandes giros, entrega pequeños hallazgos que, juntos, construyen un momento vital. “Habla, llora, ama… pero hazlo ahora”, sugiere su escritura, como un susurro que se queda rebotando mucho después de que baja el telón.

Ahoradespués no se propone sermonear, pero logra estremecer. Deja una huella que incomoda con ternura y una sensación de urgencia suave pero clara. Una obra que observa el pasado con los ojos puestos en el presente, mientras nos recuerda que no siempre hay un después para decir lo que importa.