La Ciudad de México ya está con el radar encendido. La próxima marcha contra la gentrificación tiene fecha marcada en el calendario y el gobierno capitalino no quiere sorpresas. El secretario de Gobierno, César Cravioto, soltó que se está preparando un operativo especial para “contener” cualquier intento de disturbio. Todo bajo la bandera de que no es represión, sino prevención.
“Si vemos que un grupo de la marcha quiere o empieza a generar disturbios o afectación a terceros, entonces se interviene para contener”, explicó. También dejó claro que las expresiones violentas no ayudan a la causa y que los propios manifestantes deberían evitar ese camino si quieren que su voz tenga eco.
La preocupación no viene de la nada. En la última protesta del 4 de julio, las cosas se salieron de control cerca de Parque México. Comercios afectados, vidrios rotos y confrontaciones con vecinos encendieron las alarmas. La consigna contra la gentrificación fue opacada por los choques callejeros.
Ahora, con la nueva convocatoria lanzada por colectivos para este domingo 20 de julio —del Metrobús Fuentes Brotantes a El Caminero, al sur de la ciudad—, las autoridades están pisando con cuidado. La jefa de Gobierno, Clara Brugada, reafirmó que todas las manifestaciones son bienvenidas, pero que la violencia activa otro protocolo. “No va en un sentido de represión, sino de prevención”, dijo en conferencia.
Además, Brugada ya prepara una lista de 14 propuestas que buscan atender de forma más directa el tema de la gentrificación, fenómeno que ha sido centro de debate en barrios como la Roma, Condesa, Juárez y ahora también en zonas del sur. Rentas por las nubes, cafeterías hipster y anuncios en inglés han encendido la molestia de muchos habitantes que sienten que su ciudad se les está escurriendo de las manos.
El operativo de seguridad para este domingo se perfila con todo. La tensión está servida. De un lado, la exigencia de espacios habitables, vivienda digna y freno al desplazamiento forzado. Del otro, una administración que intenta mantener el orden sin verse como el ogro que calla las protestas.
Mientras tanto, la ciudad se divide entre quienes apoyan la causa, quienes critican los métodos y quienes simplemente no quieren ver sus ventanas hechas trizas una vez más. Todo listo para un domingo donde la calle vuelve a ser el escenario de una discusión que ya nadie puede ignorar.
