Xochimilco inspira una obra de teatro documental que convierte la ciencia en una historia de corazón

La crisis ambiental que enfrenta Xochimilco llega al escenario a través de una propuesta escénica que combina investigación científica, teatro documental y el universo de los títeres. Astillero Teatro presentará “Ayólotl: corazón de agua”, una producción escrita y dirigida por Oswaldo Valdovinos que pone el foco en la amenaza de extinción del ajolote y el deterioro del ecosistema lacustre del sur de la Ciudad de México.

Con una trayectoria de más de dos décadas dedicada al teatro de títeres para las infancias, la compañía apuesta en esta ocasión por una puesta en escena que trasciende el entretenimiento y acerca al público joven a una problemática ambiental mediante recursos escénicos sustentados en hechos reales.

La historia forma parte del proyecto interinstitucional “Vocaciones Científicas”, iniciativa impulsada por la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencias Sociales y Administrativas (UPIICSA) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Cooperativa Cultural Chinampayolo y el área de Innovación Cultural de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. El objetivo consiste en trasladar al lenguaje teatral los datos obtenidos por investigaciones científicas del IPN, integrándolos a una experiencia artística accesible para las nuevas generaciones.

La dramaturgia fue construida a partir de testimonios recopilados mediante entrevistas realizadas a integrantes de la Cooperativa Chinampayolo. Esas voces documentan situaciones que afectan a Xochimilco, entre ellas la expansión urbana, el turismo nocivo, la contaminación provocada por aguas negras y el abandono de las actividades agrícolas por parte de las nuevas generaciones. Todos estos elementos son transformados en imágenes escénicas que representan el impacto humano sobre el ecosistema.

Para desarrollar esta narrativa, la producción emplea títeres de mesa con manipulación directa y títeres-objeto. En escena aparecen figuras como las “máquinas-monstruo”, el “monstruo-fumigador” y las “trajineras alcohólicas”, recursos visuales que simbolizan las distintas amenazas que enfrenta el hábitat del ajolote.

La obra también incorpora elementos de la cosmovisión prehispánica de la región, retomando la idea de que “cuando los ajolotes desaparezcan, el ser humano también lo hará”. A partir de esa premisa, el montaje desarrolla un desenlace que dirige la atención hacia la participación colectiva mediante el personaje de Xóchitl, una niña decidida a enfrentar las consecuencias del impacto ambiental en los canales de Xochimilco.

El elenco está integrado por María Teresa Adalid Martí, quien interpreta a Xóchitl, Ajolote bebé y Pez tilapia; Oswaldo Valdovinos, en los papeles de Tío Felipe, Ajolote 1, Casas y Fumigador; Itzel Casas, como Ajolote 2, Excavadora, Casas y Pez carpa; y Yarazai Simbrón, quien da vida a Ajolote, Bulldozer y Casas.

El equipo creativo está conformado por Astillero Teatro en el diseño de escenografía, títeres y objetos; Itzel Casas en el diseño de iluminación; Daniel de Jesús Pérez en la música original y el diseño sonoro junto con Oswaldo Valdovinos; María Teresa Adalid como productora ejecutiva; Gustavo Linares en el traspunte; mientras que la dramaturgia y dirección corresponden a Oswaldo Valdovinos.

Ayólotl: corazón de agua” ofrecerá una temporada de seis funciones los sábados y domingos a las 13:00 horas, del 11 al 26 de julio, en el Centro Cultural y Académico Teatro Casa de la Paz. El proyecto fue realizado con el apoyo del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SACPC).

Greenpeace lanza alerta en México: El clima ya está transformando el futbol mundial

La crisis climática ya no es una amenaza futura para el futbol. Modificaciones en horarios de partidos, pausas obligatorias para hidratación y encuentros suspendidos por fenómenos meteorológicos extremos forman parte de una realidad que Greenpeace México decidió poner sobre la mesa en pleno Mundial 2026.

A un día del tercer partido de la selección mexicana en la justa internacional, integrantes de la organización realizaron una protesta pacífica en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), uno de los principales puntos de tránsito de visitantes nacionales y extranjeros durante el torneo.

Bajo el balón gigante ubicado en la rotonda central de la terminal, los activistas desplegaron los mensajes “El juego tiene tiempo extra, el planeta no” y “Si cambia el clima, cambia el juego”. La intervención incluyó una representación visual de llamas para mostrar los efectos del calor extremo.

La movilización buscó aprovechar la atención global que genera el Mundial para advertir que el aumento de las temperaturas y los eventos meteorológicos severos ya están impactando actividades cotidianas, incluido el deporte profesional.

Ornela Garelli, directora de campañas de Greenpeace México, explicó que la intención es llamar la atención de autoridades y ciudadanos sobre una emergencia ambiental que actualmente se manifiesta mediante sequías prolongadas, incendios forestales e inundaciones.

La organización destacó que el Mundial de 2026 se convirtió en el primero en la historia de la FIFA en aplicar pausas obligatorias de hidratación en todos los partidos programados, una medida adoptada para proteger a jugadores y aficionados ante las altas temperaturas.

Como ejemplo reciente, Greenpeace recordó la suspensión durante casi dos horas del encuentro entre Francia e Irak, interrumpido por una tormenta eléctrica de intensidad inusual que obligó a resguardar a los equipos y evacuar las gradas.

Además de la protesta, la organización exigió al Gobierno de México políticas climáticas más contundentes, enfocadas en la protección de la selva Maya y en una transición energética justa que elimine la dependencia del petróleo y prohíba el fracking.

La manifestación se desarrolló en el contexto de la celebración del Mundial 2026 y en la víspera del partido entre México y República Checa en la capital del país.

El regreso de una voz colectiva: La Marcha del Pueblo se manifiesta ante Trump

Este sábado, ocho años después de su emblemática primera edición, regresa a la capital estadounidense una manifestación que marcó un antes y un después: la Marcha del Pueblo. Lo que comenzó como una respuesta al panorama político en 2017, ahora renace con una visión más inclusiva y diversificada.

Bajo un nuevo nombre y enfoque, la Marcha del Pueblo busca ampliar su alcance y convertirse en un espacio donde converjan diversas luchas sociales. Este cambio responde a críticas recibidas por su predecesora, la Marcha de las Mujeres, que, aunque histórica, enfrentó cuestionamientos por no reflejar plenamente la diversidad de las comunidades que buscaba representar.

El evento de 2017 se destacó por movilizar a más de 500,000 personas en Washington y a millones más en todo el país, consolidándose como una de las mayores manifestaciones de un solo día en la historia de Estados Unidos. Ahora, en lugar de replicar aquellas masivas congregaciones, los organizadores han optado por un formato más enfocado, con debates y actividades que abarcarán temas como feminismo, justicia racial, derechos LGBTQ, crisis climática y democracia.

Para los organizadores, este cambio no solo responde a las necesidades del momento, sino que también es un intento por construir puentes entre movimientos que, aunque distintos, comparten un objetivo común: avanzar hacia una sociedad más equitativa. Jo Reger, profesora de sociología especializada en movimientos sociales, considera que esta diversidad temática representa tanto un reto como una fortaleza. Según Reger, el hecho de incluir múltiples perspectivas puede generar tensiones, pero también impulsa transformaciones significativas, al dar voz a sectores históricamente marginados.

La jornada del sábado no tiene como meta ser una protesta masiva contra una figura política específica. En cambio, busca poner en primer plano una variedad de luchas que, aunque diferentes, están profundamente interconectadas. Esto representa un giro estratégico para un movimiento que en sus inicios se centró en la indignación por el panorama político, y que ahora pretende ser un catalizador de cambio desde múltiples frentes.

Este evento llega justo antes de la toma de posesión de Donald Trump como presidente de Estados Unidos por segunda vez, pero el mensaje trasciende cualquier coyuntura política inmediata. Se trata de un recordatorio del poder de la acción colectiva y de la importancia de construir un futuro donde todas las voces sean escuchadas.

La Marcha del Pueblo es un paso más en la larga historia de los movimientos sociales en Estados Unidos, que, como bien señala Reger, han evolucionado al integrar nuevas perspectivas. Este sábado, miles se reunirán no solo para marchar, sino para dialogar, reflexionar y construir en comunidad.