Marcel de Petrasant: Un dragón, un libro pop-up y la búsqueda de la felicidad

Un joven medieval que lo deja todo para buscar respuestas. Un libro tridimensional que cobra vida en escena. Un dragón volador, una rana que habla, un hechicero misterioso y un personaje llamado Grumper que parece tener la clave de todo. Así se desenvuelve La curiosa búsqueda de Marcel de Petrasant, una aventura poética que mezcla imaginación, nostalgia y ese toque de locura que hace al teatro infantil tan poderoso.

Escrita por Toño Malpica y dirigida por Sandra Rosales, esta joyita teatral arranca temporada en el Foro La Gruta del 2 de agosto al 21 de septiembre, todos los sábados y domingos a la 1:00 p.m. Una producción que no grita colores, los saca desde un enorme libro pop-up que se despliega como un universo en papel. Cada página que se abre transforma el escenario y dispara la historia, en un homenaje visual y narrativo a los libros como objeto mágico.

En escena están Norma Márquez y Enrique Marín, quienes sin pausa y con pura energía, dan vida a más de diez personajes entre brujas, ranas, vikingos, seres extraños y hasta al propio Marcel. Todo esto mientras se apoyan en una técnica de teatro de papel que convierte lo visual en poesía pura. El vestuario, diseñado por la misma Sandra Rosales (con apoyo de Aurora Ares y realizado por Dolores Rosales), es otro de los elementos que hacen de esta puesta algo especial.

La música y el diseño sonoro, compuestos por Daniel Pérez, más la iluminación de Mau Arizona, suman emoción, ritmo y atmósfera. El enorme libro, el cofre y la esfera, salen del taller de Pitaya Teatro, mientras que las ilustraciones (sí, las del cartel y del libro escenográfico) llevan el trazo de Salvador Sánchez, con Rosales también metiendo mano en el diseño de personajes.

Durante años, Sandra soñó con este proyecto. “Deseo que las niñas, los niños y también los adultos encuentren la obra sorpresiva, divertida y reflexiva”, dice. Y sí, la idea es clara: que el público se divierta, se sacuda, y que al salir, algo se quede flotando en el pecho.

Una obra que no solo se ve, se vive.

Una niña, un gato y un viaje de ternura en la entrañable historia de “Cati, Catalina, Calicó”

El Teatro Benito Juárez abre nuevamente sus puertas a una obra que toca fibras profundas con sutileza, humor y belleza: Cati, Catalina, Calicó… O la maravillosa vida de la niña gato, una creación escénica de la compañía Teatro de los Sótanos que regresa a cartelera del 24 de mayo al 15 de junio con funciones los sábados y domingos a las 13:00 hrs.

Con dramaturgia de Felipe Rodríguez y dirección compartida con Lizeth Rondero, este montaje nos presenta la historia de Luisa, una niña cuya relación con su gata Catalina se convierte en el eje de un relato que transita por la identidad, el duelo y el amor en su forma más pura. A través de esta conexión humano-animal, la obra construye un universo íntimo que celebra la ternura como una fuerza transformadora.

La puesta en escena integra elementos visuales y musicales que enriquecen la experiencia teatral: la música original de Sara Vélez aporta una atmósfera emocional única, mientras que la iluminación de Gerardo Olivares Fuentes “Tenoch”, el vestuario de Vianey Martínez y los títeres y elementos escenográficos de Pitaya Teatro construyen un mundo sensible y encantador. La coordinación técnica está a cargo de Enrique Monzuazo, quien también funge como regidor de escena y asistente de dirección.

En el escenario, Lizeth Rondero, Felipe Rodríguez e Isaías Avilés encarnan a personajes entrañables que invitan al público a mirar hacia adentro, con una narrativa que, lejos de la solemnidad, abraza la calidez del juego, el humor cotidiano y la profundidad emocional. Todo esto se enlaza en una pieza que encuentra en lo simple una puerta hacia lo esencial.

Los directores explican que el motor del proyecto es “la pérdida física de un ser amado y el aprendizaje espiritual que de ello se desprende”, y que esta historia se sostiene en “la relación de un humano y un animal —un gato— y la compañía mutua que se otorgan”, entendida como “el acto de comprometerse a sortear los riesgos de convivir”.

Cati, Catalina, Calicó no es solo una obra, es una invitación a reconectar con los vínculos que nos hacen humanos. Una niña y su gata logran recordarnos que la ternura, incluso en tiempos difíciles, puede ser una revolución silenciosa.