Reconstrucción histórica y desafíos técnicos: Seis claves de “El Testimonio de Ann Lee”

La llegada a cines de El Testimonio de Ann Lee marca el estreno de una producción que apuesta por una reconstrucción histórica minuciosa para narrar la vida de la líder religiosa Ann Lee. La película, escrita y dirigida por Mona Fastvoldy protagonizada por Amanda Seyfried, se centra en la historia real de la fundadora de la comunidad shaker en el siglo XVIII, retratando su recorrido desde la Inglaterra industrial hasta la Norteamérica colonial.

La ambientación se convierte en uno de los pilares narrativos del film, con un equipo creativo que apostó por escenarios físicos, vestuario artesanal y referencias artísticas para construir el universo visual.

Uno de los elementos más distintivos del proyecto fue la inspiración pictórica. Ante la escasez de referencias sobre la infancia de Ann Lee en Manchester, el equipo tomó como guía el dramatismo de Caravaggio y las obras del artista inglés William Hogarth. La combinación de luces contrastadas, colores intensos y retratos de la vida cotidiana permitió recrear el ambiente social de la época con un enfoque visual marcado por la crudeza.

La recreación de escenarios también implicó trasladar locaciones históricas a Europa del Este. Tanto Manchester comoNueva York fueron reconstruidos en las afueras de Budapest, donde se levantaron sets físicos y se incorporaron extensiones digitales. Una finca húngara del siglo XIX funcionó como el asentamiento shaker ubicado en Albany,aportando arquitectura y paisajes acordes con la época.

El vestuario también jugó un papel fundamental. La diseñadora Małgorzata “Gosia” Karpiuk lideró la confección de cientos de prendas, la mayoría elaboradas a mano. Las vestimentas reflejan los contextos sociales y geográficos de ambos lados del Atlántico, reforzando la identidad visual del relato.

Para profundizar en la cultura shaker, el equipo realizó una investigación directa en Hancock Shaker Village, una comuna histórica dedicada a preservar el legado de esta comunidad. La visita permitió analizar arquitectura, mobiliario y dinámicas de vida cotidiana, elementos que luego fueron incorporados a la puesta en escena.

Otro de los retos del rodaje fueron las escenas marítimas. La travesía hacia América se filmó en Suecia, a bordo de una réplica de barco del siglo XVIII. Las condiciones climáticas simuladas, el movimiento de la nave y la exposición al frío representaron uno de los mayores desafíos técnicos y físicos para el elenco.

El cierre de la película implicó un rodaje de alto riesgo controlado. La escena final, que muestra la quema de la vivienda de Ann Lee, fue filmada con una estructura construida exclusivamente para ser incendiada, utilizando 230 tanques de querosén. El equipo contó con una única oportunidad para capturar la secuencia, lo que demandó planificación técnica precisa.

Con estos elementos, El Testimonio de Ann Lee apuesta por una recreación histórica detallada para acompañar la historia de una figura religiosa que marcó el surgimiento de la comunidad shaker.

Hallazgo impactante en Sonora: fosas, ropa y rastros de violencia en búsqueda de desaparecidos

El colectivo Madres Buscadoras de Sonora dio a conocer un hallazgo estremecedor durante una jornada de búsqueda en la zona rural de Hermosillo, capital del estado de Sonora. En el poblado Miguel Alemán, localizaron un campamento con al menos tres fosas clandestinas que contenían restos humanos, más de 200 prendas de vestir, casquillos de armas y evidencia de incineración.

Cecilia Flores, fundadora del colectivo, compartió en redes sociales imágenes del sitio donde aparecen huesos humanos, cráneos y una extensa línea de ropa cubierta de tierra. En la búsqueda, que se llevó a cabo entre el viernes y el sábado, se han contabilizado al menos cuatro cuerpos de hombres y cientos de indicios que podrían pertenecer a más personas desaparecidas.

“No sabemos cuántos hijos más haya escondidos aquí, pero sí les puedo decir que hay decenas de casquillos de armas largas y cortas, zonas que podrían ser usadas como crematorios por los huesos calcinados que encontramos y muchas prendas y zapatos”, expresó Cecilia Flores, quien continúa la búsqueda de sus hijos Alejandro Guadalupe Islas y Marco Antonio Sauceda, desaparecidos en 2015 y 2019, respectivamente.

Durante la jornada, las buscadoras documentaron en vivo desde la página de Facebook del colectivo, las labores de excavación en terrenos cercanos a viviendas, en compañía de algunos elementos policiales. Con picos, palas y las manos, removieron la tierra en una zona que, según las autoridades, pudo haber sido ocupada por un grupo armado.

La Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora (FGJES) confirmó el descubrimiento de restos óseos y al menos 42 prendas de vestir durante el primer día de búsqueda, en un terreno próximo a la carretera 12 Norte. Informó que estos hallazgos ya están siendo sometidos a análisis forenses para su identificación.

Además, indicó que fueron encontrados cartuchos percutidos de diversas armas de fuego y que la exploración continuó en un predio cercano. Las investigaciones iniciales de la policía señalan que el sitio fue utilizado por un grupo armado que lo abandonó en septiembre de 2024 tras un operativo de las fuerzas de seguridad.

De acuerdo con datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), en México hay más de 130 mil personas reportadas como desaparecidas desde la década de 1950. Un informe de Amnistía Internacional advierte que nueve de cada diez personas que se dedican a la búsqueda son mujeres, de las cuales el 97 % sufre violencia o afectaciones derivadas de su labor, una responsabilidad que, advierte el organismo, recae en el Estado.