“Deseo” aterriza en cines: tensión, secretos y límites rotos en el nuevo thriller erótico mexicano

La cartelera nacional suma una propuesta que coloca el deseo en el centro de la historia sin filtros ni juicios. Deseo llegará a las salas de todo el país el próximo 7 de mayo con una narrativa que apuesta por la intensidad emocional y la tensión constante.

Bajo la producción de Pablo Cruz y el respaldo de El Estudio, el proyecto se posiciona como una de las apuestas más provocadoras del cine mexicano reciente. La dirección corre a cargo de Teresa Simone, quien construye una historia donde la insinuación y los silencios marcan el ritmo de un relato cargado de atmósferas.

En el centro de la trama se encuentra Lucero, una abogada consolidada que ha construido una vida aparentemente perfecta. Sin embargo, ese equilibrio comienza a fracturarse cuando surge una atracción inesperada hacia el maestro de natación de su hija, un vínculo que la empuja a cruzar límites personales con consecuencias imprevisibles.

A partir de ese punto, la película desarrolla una tensión sostenida donde cada gesto adquiere significado y cada decisión acerca a los personajes a un punto de quiebre. La historia se mueve en un terreno donde las certezas desaparecen y las apariencias pierden solidez, planteando un escenario en el que nadie queda exento de responsabilidad.

El elenco está encabezado por Ludwika Paleta, José María Yazpik y Óscar Casas, quienes dan vida a personajes atravesados por conflictos internos y decisiones que redefinen sus relaciones. Sobre su participación, Paleta señala: “No me interesan los personajes correctos, me interesan los personajes vivos”, una declaración que sintetiza el enfoque del proyecto.

La propuesta estética evita lo explícito para centrarse en lo sugerido, privilegiando lo que se percibe sobre lo que se muestra. En este contexto, el deseo se convierte en un elemento narrativo que no irrumpe de forma directa, sino que se filtra en cada escena a través de la tensión emocional.

Con su estreno programado para el 7 de mayo, “Deseo” se integra a la conversación cinematográfica con una historia que expone dinámicas complejas desde una mirada contemporánea, planteando una experiencia que se sostiene en la intensidad y el conflicto humano-

Después: El viaje silencioso que transforma el duelo en una búsqueda profunda

Cuando una película llega a salas después de recorrer varios festivales, suele traer consigo un pulso emocional distinto, uno que ya se probó frente a públicos diversos. Así llega Después, la nueva cinta de Sofía Gómez Córdova, ahora disponible en cines de todo México bajo la distribución de Mandarina Cine.

La historia sigue a Carmen, interpretada por Ludwika Paleta, una mujer que enfrenta la muerte de su hijo Jorge, encarnado por Nicolás Haza, con quien comparte lazos dentro y fuera de la pantalla. Desde el inicio, la película se construye desde un lugar íntimo: el duelo, la memoria y los silencios que surgen cuando una pérdida abre preguntas que nadie sabe cómo responder.

El relato se desarrolla en un espacio donde la cotidianidad se mezcla con una búsqueda emocionalconstante. Carmen avanza entre los lugares que compartió con su hijo, mientras descubre fragmentos de su vida que antes no había visto. Ese trayecto personal muestra los secretos que Jorge reservó para sí mismo y los vacíos que ella también aprendió a cargar. La relación que construyeron con los años, marcada por una cercanía profunda tras separarse del padre, se reconstruye pieza por pieza desde el impacto de la ausencia.

La película toma fuerza en los matices de sus interpretaciones. Ludwika Paleta presenta un personaje que sostiene su fragilidad sin perder dirección, y Nicolás Haza debuta con una presencia que complementa el universo emocional que la historia plantea. A su alrededor, actores como Luis Velázquez, Darío Rocas, Adriana Palafox y Alan Oliva contribuyen a un tono narrativo contenido, enfocado en acompañar el tránsito interno de Carmen.

El rodaje entre Guadalajara, Melaque y Aguascalientes también define la esencia visual del proyecto. La directora mantiene su interés por descentralizar la producción cinematográfica mexicana, retomando preocupaciones que ya exploró en Los años azules.

Esa intención se refleja tanto en la fotografía de Ernesto Trujillo como en el diseño de producción de Paloma Camarena, en un diálogo que crea atmósferas sensibles donde la protagonista se desplaza en silencio. El vestuario, el maquillaje y el diseño sonoro completan el espacio emocional que sostiene la película, con un montaje que acompaña el ritmo interno del duelo y una música original que acentúa su tono introspectivo.

El camino internacional de Después la llevó a festivales en Uruguay, Canadá, Irlanda y México, integrándose a competencias y secciones dedicadas al cine contemporáneo. Su recorrido confirma el carácter universal de una historia que surge desde la intimidad, pero que conecta con públicos distintos por la forma en que aborda la pérdida sin recurrir al melodrama.

Con el apoyo de distintas iniciativas y fondos dedicados a fortalecer el cine nacional, la producción reunió a equipos creativos de varias regiones. La película se construye desde una mirada profundamente humana, centrada en cómo continuar después del dolor, en cómo seguir existiendo cuando el vacío transforma lo que se creía estable. Después se instala así como una pieza que revisita el duelo para convertirlo en un viaje interior que busca, sin prisa, una nueva forma de entender la vida que queda.